Ahora lloro todos los días y no puedo evitar preguntarme en qué momento fue que mi sol se me perdió. Tal vez no estuve atenta, a los soles les gusta escaparse porque no son de nadie.
Siento mi piel como si estuviera hecha de pétalos de rosa marchitos, casi escucho la sangre correr por mis venas. Miro hacia arriba y veo mis pensamientos enfrascados en burbujas que no son mías. Y donde se supone que debería estar mi corazón, siento una piedra que pesa tanto que no me deja respirar bien. Mi sonrisa se ha transformado en la nada de las lágrimas de mis cristales rotos sin luz. Mi garganta no deja de ser torturada por los invisibles golpes del río contenido. Mi voz perdió su música y trata de gritar su verdad.
Pero recuerdo como yo era antes y trato de volver a eso. Es difícil hacerlo cuando hay tanto dolor en todos lados. Y es aun más difícil cuando me siento egoísta por querer escapar de mi dolor. Porque es mío.
Trato de acostumbrarme a él. A quererlo de alguna forma. A sentirme a gusto con él, pero se me hace muy difícil. Mi sol tiene la culpa, me acostumbro a estar siempre alejada de él, a no verlo, a no darme cuenta de que existía. Mi sol tiene la culpa por haberme protegido tanto. Y ahora que se ha ido, el dolor ya no tiene ninguna barrera para llegar a mí. Es muy difícil acostumbrarse al dolor y no sentir que te quemas.
miércoles, 23 de septiembre de 2009
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yo quiero ser tu sol
ResponderEliminartu eres mi niña estrella :)
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