sábado, 21 de noviembre de 2009

Mi Amor

El Dios del que yo me enamoré, el Dios del que yo estoy enamorada, me ama con su amor, me ama con El Amor. Su amor trasciende los límites terrenales, no sabe de ira, es paciente, todo lo espera, todo lo cree y todo lo soporta. Mi Dios me ama como soy. Con mis errores, mis defectos, mis virtudes, en lo bueno y en lo malo, en mis mejores y en mis peores, cuando amo con su amor y aún cuando no lo hago. Mi Dios no quiere que me tiren piedras, y su amor es tal, que no solo no lo quiere para que las piedras no me caigan, sino para que aquellos que las sostienen no las lleguen a tirar. Porque el amor de mi Dios es para todos, y para todos por igual. Su amor es la única verdad, nadie más tiene la verdad en sus manos. La verdad no tiene forma de piedra. Su amor es un amor inmutable que mueve. Es un amor que permanece, es un amor que nadie pidió y que sin embargo, esta ahí, esperando, amando en silencio. El amor de mi Dios quiere almas que lo elijan libremente, y no le importa el camino que tomemos si lo seguimos en su amor. Nadie es más ni menos por hacer o dejar de hacer algo, por cambiar de decisiones, aún por dudar. Así de grande es su amor, así de puro, asi de incomprensible. No hay almas perdidas mientras su amor esté. El amor de mi Dios no quiere que nos encerremos en nuestras mentes y parámetros humanos, Él aspira a más para nosotros, mi Dios quiere que veamos con sus ojos, que toquemos con sus manos, que caminemos con sus pies y que besemos con su boca. Mientras estemos en su amor, lo que el quiere para nosotros se hará. Y será únicamente lo que Él quiera para nosotros, solo lo que Él quiera, no lo que quiera alguien más de nosotros. Mi Dios tiene su propio tiempo, que no es el nuestro. Tiene sus formas, que no siempre vamos a entender. Mi Dios quiere que nos realicemos en Él, porque Él es El Amor, porque Él es La Verdad, porque Él es lo eterno. Este es el Dios que me enamoró. Éste es mi Dios. Éste es el Dios que me eligió y que sabía que yo lo elegiría antes de yo saberlo. Este es el Dios que me pone dificultades para que yo aprenda a superarlas, sufrimientos para educar a mi corazón y dudas para no hacerme conformista. Pero este el Dios que también pone bendiciones en mi camino, muchas de las cuales creo no merecer, pero tal es su amor, que me las da a mí. Su amor es puro, no tiene mancha. Yo me muevo por su amor. Mi vida es un intento de amar con su amor. Y si se me juzgara por hacerlo, que me juzguen. Que me tiren piedras. Su amor es infinitamente más grande que una piedra y la mano que la tira, y su amor los ama también. Y por tanto, debo amarlos yo también, debo enseñarles el amor de mi Dios. En su amor todo lo soporto. Mi Dios no quiere que hayan miramientos intrascendentes entre sus amados. Él solo quiere que nos unamos en el abrazo de su amor. Que nos dejemos amar por El Amor. Que seamos parte y todo a la vez. Porque ese es el único y verdadero fin de nuestras almas, ser amados con el amor de mi Dios.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Luna celosa

La luna me miraba, fosforescente, como nunca.
Creo que estaba celosa porque había salido el sol después de mucho tiempo. Debe querer que nadie lo note, que nadie más se enamore de El. Yo haría lo mismo si no pudiera estar con el ser que amo. Desearía que nadie más lo viera. Que nadie más lo notara. Desearía poder hacer algo para que sea solo mío a pesar de que brilla para todos.